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drops ISSN 2175-6716

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Vía la revisión de la documentación disponible de las fases de desarrollo Del Complejo Acuático para los Juegos Panamericanos Medellín para reflexionar sobre la cualidad del espacio producido y sobre la distancia existente entre imaginar y construir.

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ÁLVAREZ, Eva. El arrecife a la intemperie. Complejo Acuático para los Juegos Panamericanos 2010 (Medellín) de Paisajes Emergentes. Drops, São Paulo, año 13, n. 059.03, Vitruvius, ago. 2012 <https://vitruvius.com.br/revistas/read/drops/13.059/4414>.



El Complejo Acuático para los Juegos Panamericanos Medellín 2010 de Paisajes Emergentes (1) – Luis Callejas, Edgar Mazo y Sebastián Mejía – se desarrolla en dos fases significativas: fase de concurso y fase de proyecto y ejecución. Aprovecharemos la revisión de la documentación disponible de ambas fases para reflexionar sobre la cualidad del espacio producido y sobre la distancia existente entre imaginar y construir.

En la fase de concurso, el equipo de arquitectos refuerza la idea de jardines acuáticos, presentando una imagen global de inundación total del Complejo, buscando a través de ese efecto el incorporar la variación climatológica al conjunto, queriendo acentuar la presencia de la atmósfera en el proyecto (2). Brillos, reflejos, presión hidráulica, textura del agua,... acuden en apoyo de la idea de continuidad, de expansión ilimitada. Y eso a pesar de que los planos y maquetas de concurso definen un estado ideal de abstracción y aislamiento, en el que no se aporta ningún dato del entorno próximo, ni contexto urbano. Además, en dicho material de concurso, el conjunto sólo dispone de cuatro piscinas.

En estos dibujos se muestra un plano especular, capaz de reflejar las variaciones climatológicas e incorporarlas al proyecto como elemento inevitable del mismo, así como insisten en la demostración de conocimientos botánicos, propiciando el desarrollo del proyecto como un jardín, en un intento por incorporar también algo de imprevisibilidad al edificio.

Sin embargo, la revisión de la documentación de proyecto y de las imágenes de la construcción y del edificio ya acabado – en el que se disponen ocho piscinas, en vez de cuatro – y, en una aproximación quizá menos evidente, manifiestan una realidad ligeramente diferente de la imaginada, obtenida mediante otros recursos.

En otro tiempo, Lanzarote debió haber estado sumergida. La isla tiene poca tierra fértil pues en su mayor parte está cubierta de rocas, grava y arena; deben soplar frecuentemente vientos fuertes pues no hay plantas que crezcan por encima de la altura de la cintura. [...] El conjunto parecía un arrecife de coral en la superficie de la tierra; el fondo del mar expuesto en la superficie. [...] Las formas de los seres que viven bajo el agua son el fiel reflejo de sus movimientos; son verdaderos cuerpos fluidos” (3).

Estas palabras de Toyo Ito – escritas en otro contexto – son útiles para describir la impresión que se tiene al contemplar las imágenes del Complejo Acuático para los Juegos Panamericanos bajo el cielo nublado y plomizo de Medellín: la sensación de que las personas – espectadores, usuarios locales, deportistas profesionales, personal de mantenimiento – que transitan la instalación se mueven sumergidas en la densidad de un agua que no vemos y que, junto al edificio, conforman un ecosistema marino: un arrecife de coral.

Es fácil disponer de abundante iconografía de ecosistemas submarinos ya que tienen gran difusión mediática: aguas transparentes, cálidas y densas; la luz del sol que atraviesa el agua, evidenciando la suspensión de partículas; especies animales con formas que nos recuerdan a arbustos terrestres castigados por el viento incesante, de forma pequeña, redondeada, pegados al suelo, con pocos excesos florales; el soporte de coral pálido, con un relieve denso y poco prominente, que proporciona un patrón de textura superficial indiferenciado; los peces de colores que se ondulan soportados por la densidad del agua salada, que les oprime a la vez que les sostiene...

Esta imagen colectiva del arrecife de coral mediatizado parece aplicable, punto por punto, a la imagen que recibimos del Complejo Acuático para los Juegos Panamericanos, una vez construido. Entendemos que los arquitectos consiguen densificar la atmósfera, el aire; hacen flotar a los usuarios en el aire de Medellín, tornando los cuerpos de estos en auténticos cuerpos fluidos, que nadan o bucean por el complejo, en vez de caminar por el mismo.

Esta sensación es producida por la combinación de muchos pequeños elementos, entrelazados sutilmente. Entre otros, la disposición de la volumetría individual, supeditada a un orden complejo que regula todo el conjunto; la transformación del soporte construido en un ente ajeno a su entorno, que establece las conexiones necesarias pero que es formalmente autosuficiente; la elección de un sistema de recorridos que permite que cada especie fluya sin molestar a otros, ni ser molestado; la selección de especies vegetales típicas de borde de humedal, propias de zonas inundables, que presentan poco porte, desarrollo próximo al suelo, casi tapizantes y dispuestas en zonas bien delimitadas, con crecimiento agrupado. Y, es muy destacable la decisión de otorgar un patrón de textura uniforme en todo el conjunto, formado por un rayado vertical en el hormigón. Dicho rayado se produce insertando angulares metálicos en el encofrado de los muros de hormigón con una distribución pautada, dando un bajorrelieve continuo a la superficie. Hay muchos más detalles, como las ventanas que permiten ver el nado sincronizado o los patios que introducen luz natural en las dependencias de los deportistas o usuarios locales y que recuerdan los rayos de luz que atraviesan el arrecife...

A nuestro parecer, esta imagen del arrecife a la intemperie aportada por la aguda percepción y sensibilidad de Toyo Ito – en un texto dedicado a la fluidez espacial (4) – es muy ajustada a lo que se puede percibir en Medellín pero, sobre todo, introduce la noción de que la lectura de cualquier cualidad del espacio procede, necesariamente, de la capacidad de observación y percepción del espectador – y, por tanto, de los lazos que dicho espacio pueda establecer con su memoria y sentimientos – más que de las cualidades intrínsecas del espacio en cuestión, per se.

Como ya avanzábamos al inicio, el Complejo Acuático para los Juegos Panamericanos Medellín 2010 ejemplifica dos cuestiones básicas que se entrelazan: el espacio arquitectónico – o de cualquier tipo – sólo se califica si alguien lo percibe y le otorga cualidad a través de su experiencia propia, noción claramente diferente a la propuesta en el concurso; y, en segundo lugar, la traslación de la sintaxis de proyecto a la construcción – incluso en el caso de que la traslación hubiera sido más directa – colisiona inevitablemente con la realidad material (5) produciendo un conflicto entre lo conceptual y lo concreto.

Y, en este caso, desde la observación y análisis del proceso sufrido por el proyecto de concurso, proyecto de ejecución y construcción, lo realmente útil para nosotros es comprobar la gran densidad que adquiere el proyecto cuando incorpora a los individuos como variable sobre la que pensar ampliamente. Es decir, vemos cómo los arquitectos de Paisajes Emergentes, partiendo de una imagen abstracta de unos planos de agua brillantes y extensos, a los que se les confía el que la cualidad atmosférica (6) impregne el edificio – con independencia de quien lo disfrute – han pasado a proyectar y construir un edificio en el que la noción más claramente detectable es la necesidad de la persona que perciba el espacio – adecuadamente caracterizado, como ya hemos comentado – para su calificación y, en este caso, para la incorporación de la imprevisibilidad. Esto es constatable ya que los arquitectos referidos, en sus múltiples entrevistas, insisten en que el edificio únicamente se puede entender y asumir recorriéndolo – no sólo mirándolo – lo que nos remite a la idea de fluidez percibida expuesta por Ito y que nos enlaza con firmeza a las nociones de antiobjeto de Kuma (7) o a la experiencia japonesa de Taut (8).

Entendemos que esta trasformación de los objetivos y los medios del proyecto es claramente positiva, definiendo una solución mucho más compleja. Pero además, pone en valor la necesidad de que alguien introduzca un mayor nivel de complejidad en el proyecto y por tanto en el edificio, no ya en la percepción espacial sino también como sello de su elaboración: el edificio exhibe también la existencia de un proyecto que dirigió su construcción, la existencia de alguien que lo pensó con inteligencia y emoción. El edifico se presenta como traza del proyecto y el proyecto, como trazas de intencionalidad (9), como poética.

Sobre la poética en arquitectura también se ha escrito mucho pero nos interesa rescatar las palabras de Turnovsky, que nos recuerdan que la

“La precondición para la poética es un grado de indeterminación, y para que algo sea percibido como indeterminado debe ofrecer como opción de partida, ser también percibido como no indeterminado. ‘La verdadera poesía es siempre tanto poética como no-poética, es decir, práctica al mismo tiempo’. La buena arquitectura es siempre también práctica; por esto, es por lo que está tan bien situada para la poesía [...]. Contrariamente, por supuesto, cualquier arquitectura que se detenga en excesiva retórica es poco probable que alguna vez alcance el nivel de poesía” (10).

Estamos un poco cansados de la retórica arquitectónica. Quizá el pensar en las personas y sus necesidades, no sólo eleve el nivel de complejidad de los proyectos sino que los acerque a la poesía... que tanto necesitamos.

Paisajes Emergentes es un equipo de arquitectos que trabaja desde Medellín (Colombia) y que fue fundado en 2007 por Luis Callejas (Medellín, 1981), Edgar Mazo (Medellín, 1976) y Sebastián Mejía (Medellín, 1982). Todos se han graduado en la Universidad Nacional de Colombia y han participado en conferencias, seminarios y exposiciones en varias universidades. Entre ellas, Harvard GSD, Bauhaus Universität (Weimar), University of Toronto (Canadá), University of Waterloo (Canadá9, Arizona State University (EEUU), Escola da Cidade (Brasil).

notas

1
Más información en http://www.paisajesemergentes.com/.

2
Consultar: http://quaderns.coac.net/en/2011/09/262-paisajesemergente-liga/.

3
ITO, Toyo. Tarzans in the media forest, Architectural Association, Londres, 2011, p. 117.

4
ITO, Toyo. Tarzans in the media forest. Architectural Association. Londres, 2011, p.116. “But the transparency of the Barcelona Pavilion is not that of clear air. Rather, it makes us feel as if we were looking at things deep underwater, and would better describe as translucent. The infinity fluidity we sense in the pavilion must arise from this translucent liquid-like space. What we experience here is not the flow of air but the sense of wandering and drifting gently underwater. It is this sensation that makes the space distinct and unique”.

5
TURNOVSKY, Jan. The poetics of a wall projection. Architectural Association, Londres, 2009, p. 7.

6
ÁBALOS, Iñaki (ed.), Naturaleza y artificio. El ideal pintoresco en arquitectura y el paisajismo contemporáneos. Barcelona, Gustavo Gili, 2009, p. 221.

7
KUMA, Kengo, Anti-object: The Dissolution and Disintegration of Architecture. London, AA Publications, 2008, p. 32.

8
KUMA, Kengo. Anti-object: The Dissolution and Disintegration of Architecture. London, AA Publications, 2008, p. 20 y ss.

9
TURNOVSKY, Jan. The poetics of a wall projection. Londres, Architectural Association, 2009, p. 44.

10
TURNOVSKY, Jan, The poetics of a wall projection. Architectural Association, Londres, 2009, p. 4-5.

sobre la autora

Eva M. Álvarez Isidro es profesora del Departamento de Proyectos Arquitectónicos, Universidad Politécnica de Valencia.

 

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