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drops ISSN 2175-6716

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Amizades sinceras para ditaduras declaradas versus amizades perigosas para ditaduras dissimuladas: veja mais de perto!

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Sincere friendships to dangerous dictatorships versus dangerous friendships to hidden dictatorships: a closer look!

español
Amistades sinceras para dictaduras declaradas versus amistades peligrosas para dictaduras disimuladas: vea mas cerca!

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BOTTURA, Roberto. Amistades peligrosas… pero no tan sinceras. Drops, São Paulo, año 12, n. 048.03, Vitruvius, sep. 2011 <https://vitruvius.com.br/revistas/read/drops/12.048/4035/es_ES>.


Afganistán
Carlos Latuff [Wikimedia Commons]


De una amistad se espera sinceridad y lealtad.

En el universo de la arquitectura, cuando utilizada como propaganda política, las relaciones de “amistad” pueden tener alarmantes grados de sinceridad o entonces pueden convertirse en un disimulado juego, cuando lo que está en riesgo son los intereses personales y la conservación del poder.

Vamos por partes:

Fredy Massad y Alissia Guerrero Yeste, en su texto “Amistades Peligrosas” (1) ponen sobre la mesa algunas cartas de un juego, muchas veces irónico, que da margen a investigación a los mas atentos. Quiero contribuir con esa reflexión.

Nos es conocida la famélica acción de los arquitectos, cuya ambición muchas veces traspasa los límites del aceptable. Las “amistades peligrosas”, descritas en el texto de Massad e Yeste, hacen alusión a un grupo de arquitectos que se están envolviendo con ciertos países del Oriente Medio, cuya ambición en la lucha del poder también traspasa los límites del aceptable. Hechos unos para el otro, poder y arquitectura se renuevan en su ancestral vocación.

El caso descrito de Bjark Ingels, se encuadra en el plan de las amistades peligrosas y en mi modo de vista, sinceras. Peligrosa porque se asocia con un tirano y sincera porque no tiene la vergüenza ni tampoco la cara dura de crear una escusa para justificar quien paga (y lo muy bien pago que está) su arquitectura. Decir, como dice Ingels, que trabajar para gobiernos tiránicos es más sencillo que para la burocracia de países “extremamente democráticos”, es sincero. Sinceros también son esos gobiernos dictatoriales: afirman el poder vertical, controlan las masas y no disimulan ser lo que son. Son lo que dicen. Les llamemos cabrones – si queremos – pero está claro lo que ellos son. Sinceramente, el caso de Ingels no me preocupa tanto. Tampoco el caso de Foster, Koolhaas, Zaha o Nouvel, trabajando para esos países de Oriente, enriqueciéndose a cuesta de los petrodólares de esos mismos gobiernos corruptos, juntos engalgados para escenificar esos regímenes y juntos revelando el tamaño de sus egocentrismos materialistas.

Lo que sí, me preocupa, son las amistades igualmente peligrosas, pero no tan sinceras…

Me preocupa la acción de gobiernos que se dicen portadores de la verdad democrática, pero cuando vistos más de cerca, actúan igual o peores que los declaradamente tiránicos. Gobiernos, que en crisis, siguen con el abusivo dispendio de dinero público promoviendo frivolidades a través de arquitecturas bajo el rótulo de la democracia.

Esta bonita palabra, democracia, cuyo significado – que si puesto en practica expresaría las mas altas conquistas de la organización humana a través del orden, de la justicia y de la participación social – hoy se convirtió en algo muy distante de su elevado objetivo. Para tal comprobación, basta observar la actual situación de los gobiernos que se dicen democráticos, verdaderos representantes del abuso de poder y de las manipulaciones financieras en beneficio de pocos, mientras la mayoría padece en un abismo social alarmante.

Engañosa y parcial como las más opresoras formas de gobierno, esa pseudodemocracia que sigue promoviendo guerras y bombardeos, se presenta a través de meticulosos disfraces, censurando las noticias y la libre ciudadanía, esclavizando la población a terribles presiones económicas y hipnotizándolas a través de la acción alienante de los medios de comunicación, de las drogas y de la vulgarización de la sexualidad.

¿Será que esa simulación es mejor que la tiranía declarada? Es verdaderamente válido decir que la democracia, tal como la conocemos hoy, es menos opresora que la mas radical de las dictaduras?

Si vamos hablar de arquitectura por el filtro de la política, tendríamos que contextualizar las circunstancias.

Cuando Deyan Sudjic (2) cuenta los devaneos arquitectónicos llevados a cabo por regímenes del Oriente Medio, dedica pocas palabras (por no decir ninguna) a explicar que fue su propio país – Inglaterra – junto a conocidos gobiernos “democráticos”, quienes promovieron las ascensión de esas mismas dictaduras, sembrando la discordia articulando la subida al poder de dudosos líderes mientras facturaban millones en venta de tecnología militar y armamento. El Sha de Irán, Muhammad Reza - hijo de Reza Kan - se tornó muy conocido por llevar arquitectos del porte de Kenzo Tange, James Stirling, Hans Hollein y Victor Gruen para proyectar en Teherán. Sudjic no más comenta rápidamente que Reza fue instalado en el trono con la ayuda de la CIA tras la abdicación de su padre (3). Con el beneficio de las reservas de petróleo del país, dispuso de dinero para dar rienda suelta a su pasión: construir. Y con eso, beneficiar empresas inglesas/americanas que empezaban a instalarse por el país. Cuando la conveniencia es amiga del poder, la amistad es sincera.

Algunas cuestiones serían interesantes de examinar. Por ejemplo:

¿De dónde vienen las armas que facilitan el conflicto militar en Libia? Quien ha ayudado la consolidación de tal régimen?

En diciembre de 2007, hoy el temido dictador Gadafi – de visita a España – fue considerado uno de los “amigos del alma” del presidente español Zapatero. Allí firmó contratos de compra de armamento español por valor de 11.500 millones de euros. Los petrodólares libios estaban fluyendo a España en distintos sectores económicos, especialmente en la banca (el capital libio controla Aresbank) y en la construcción civil. Constructoras españolas mantenían contractos para urbanizar zonas de El Beida y Bengasi, por valor de unos 600 millones de euros.

No me asusto, entonces, al descubrir que son los mismos gobiernos democráticos de Occidente, los que promueven e incitan a esos regímenes. Democracias promoviendo dictaduras. Cosas de la vida…

Después de la ofensiva militar en Irak, Estados Unidos felicita al mundo, la alegría de haber sacado del gobierno el dictador Saddam Hussein.

Mientras los iraquíes estaban ocupados en las emergencias diarias, el país podría ser vendido discretamente a las empresas norte-americanas. Y en Irak había mucho que ganar: no sólo las terceras reservas de petróleo más grandes del mundo, sino también uno de los últimos territorios del globo que se resistían a la locura de desarrollar un mercado global basado en la visión friedmanita del capitalismo sin límites (4).

¿Actualmente estará Irak y su población en una situación mejor que anteriormente?

Ignacio Rupérez, embajador de España en Bagdad (2005-2008), describe el régimen de Saddam Hussein:

“Los años de Saddam Hussein confluye una serie de corrientes reformistas y renovadoras, encaminando la modernización y el desarrollo del país. En todos esos años y con la ayuda de sustanciales rentas petrolíferas Irak continúa con la reforma agraria y dispone del mejor sistema sanitario y educativo de Oriente Medio, mejora las condiciones de vida en las ciudades, promueve la alfabetización de la población y una sustancial emancipación de la mujer, todo ello en un ambiente que aun siendo opresivo políticamente promovía la secularización y una cierta libertad creadora” (5).

Irak, hoy, rehén de la pseudodemocracia norte-americana, es el libre campo de experimentación de las terapias de shock del neoliberalismo, lejos de una paz, distante de una economía equilibrada y sus ciudades aún viven el caos heredado por la guerra provocada. Mientras tanto, la población asiste las ruinas de todas las arquitecturas promovidas por el visionario rey Faisal II en los años 1950 y continuadas por Saddam Hussein: edificios de Josep Lluís Sert, Gropius, Le Corbusier, Aalto, Gio Ponti, Frank Lloyd Wright, Robert Venturi, Smithson, Doxiadis… Universidades, escuelas, hospitales, equipamientos deportivos, centros religiosos, barrios residenciales… todo ahora son ruinas, en nombre de la “democracia” Occidental.

Situaciones alarmantes que me hacen preguntar: ¿quién aquí está actuando de forma dictatorial? El sincero, que declaradamente asumía una postura paternalista autoritaria o el disimulado, que se disfraza de emancipador pero aplica las peores medidas sádicas para manipular?

Nuestra decadente democracia no está muy lejos de sus tradicionales adversarios. No veo mucha diferencia entre proyectar en Libia de Saif-al-Islam Gadafi o en la Valencia, de Rita Barberà. No valoro la postura ni de Ingels ni de Calatrava, pero mientras uno muestra ser lo que es, el otro finge ser lo que no es. Uno es sincero, el otro disimulado. Es ahí donde mora el peligro!

Al abogar a favor de la “democracia”, indicando arquitectos que se entregan a regímenes políticos lejanos, necesitamos estar seguros de que esa democracia que defendemos corresponda verdaderamente a la ética que dice representar. Y asegurar, primeramente, que la arquitectura promovida por esos países democráticos atienda a un cotidiano mas próximo de una ciudadanía dignamente universal.

Perdonadme la sinceridad…

notas

1
MASSAD, Fredy; GUERRERO YESTE, Alicia. Amistades peligrosas. Drops, São Paulo, n. 12.045, Vitruvius, jun. 2011 <www.vitruvius.com.br/revistas/read/drops/12.045/3895>.

2
SUDJIC, Deyan. La arquitectura del poder. Barcelona, Ariel. 2007.

3
Idem, ibidem, p. 137.

4
KLEIN, Naomi. La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre. Barcelona, Bolsillo Paidós. 2010. Pag. 432.

5
RUPÉREZ, Ignacio. In. AA.VV. Revista DC Especial. Ciudad del Espejismo: Bagdad, de Wright a Venturi. Barcelona: UPC. 2008, p. 25.

sobre el autor

Roberto Bottura es arquitecto y urbanista, graduado en Puc-Campinas y máster en Teoría e Historia de l´Arquitectura por la UPC-Universitat Politècnica de Catalunya. Actualmente vive en Barcelona donde estudia las relaciones entre Ciudad, Poder y Arquitectura.

 

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